Edem

El porqué de todo

La reflexión en cuanto a la actividad humana se refiere gira en torno al equilibrio entre pensamiento y acción. En este sentido, la Ley de Educación de Cataluña promueve una educación integral que pretende cubrir tanto la formación racional como emocional con el objetivo de proporcionar una viabilidad tanto a la vida individual como social de nuestro alumnado. En el artículo 2 referente a los “Principios rectores del sistema educativo” se dice que:

2. El sistema educativo se rige por los siguientes principios específicos:

a) La formación integral de las capacidades intelectuales, éticas, físicas, emocionales y sociales de los alumnos que les permita el pleno desarrollo de la personalidad, con una enseñanza de base científica, que debe ser laica, de acuerdo con el Estatuto, en los centros públicos y en los centros privados en que lo determine su carácter propio.

b) La vinculación entre pensamiento, emoción y acción que contribuya a un buen aprendizaje y conduzca a los alumnos a la madurez y la satisfacción personales.

Efectivamente, el pensamiento de los organismos educativos parece incidir en la importancia de una educación que contemple al alumno desde una perspectiva más amplia, ensanchando el marco de actuación de lo puramente académico (sistema educativo tradicional) a la multidimensionalidad humana en cuanto a lo físico, lo intelectual, lo emocional, lo ético y lo social. Pero, como decíamos al inicio de esta entrada, para que la actividad humana en lo relativo a la educación se produzca de forma equilibrada, este pensamiento debe aguardar cierta coherencia con la acción. Sin embargo, por lo que se refiere a esto último, las prácticas escolares son incoherentes con el pensamiento que establece la Ley de Educación, resultando la escuela una suerte de organismo anacrónico que deja el Sistema Educativo en la cuerda floja. El centro de atención de los currículos escolares sigue siendo los aspectos relativos a lo académico con algún parche en lo relativo a lo ético (bien se trate desde la religión o desde la ciudadanía). ¿Pero qué pasa con el aspecto emocional y social?

El fracaso escolar puede explicarse desde múltiples perspectivas. Particularmente, una que a mí me gusta mucho y que he podido observar a lo largo de mi experiencia profesional es que lo que el alumno lleva en el corazón acaba traspasándolo a la cabeza. En este sentido, son múltiples los estudios que correlacionan autoestima con efectividad escolar, por poner un ejemplo clarificador; una mejor autoestima presupone un mejor resultado académico. Igualmente, un vistazo rápido en las interacciones del patio nos llevará a la conclusión forzosa de que una mala gestión emocional a nivel individual implica una mala relación con uno mismo (lo cual interfiere decisivamente en el rendimiento escolar) y con los demás. Si un niño, por poner un ejemplo, no ha desarrollado habilidades para gestionar su ira, de poco le valen los protocolos éticos que se prodigan en la escuela.

En definitiva, sólo cuando las escuelas introduzcan en sus currículos escolares los aspectos relativos a lo emocional y lo social, sólo entonces la escuela podrá vertebrarse en una coherente práctica educativa, efectiva y productiva. Sin duda, ésta es parte del trabajo al que queremos contribuir desde Escuela 4.0.

Introducción

Entendiendo que racionalidad y emocionalidad son dos dimensiones complementarias e igualmente necesarias para el desarrollo personal, se nos hace necesario introducir el carácter de las emociones desde una perspectiva social, observando como éstas acontecen el eje a partir del cual se configuran lo que Gardner (1995) denominó la inteligencia intrapersonal y la inteligencia interpersonal. Llegados a este punto, cabe recordar que la inteligencia intrapersonal es aquella que nos permite comprendernos y trabajar con nosotros mismos, mientras que la inteligencia interpersonal es aquella que nos permite comprender a los demás y trabajar con ellos. En este sentido, las emociones constituyen un sistema de evaluación, a partir de la carga efectiva de las cuales nos informan de nuestra realidad. Por tanto, conseguir el equilibrio y el encuentro con nosotros mismos y aprender a relacionarnos con los demás de forma generosa, respectando sus libertades y los espacios necesarios, son las bases imprescindibles a partir de las cuales iniciar el camino de nosotros mismos hacia la armonía.

Este proyecto pretende trabajar, pues, en el desarrollo de las habilidades emocionales y sociales en el alumnado de primaria y secundaria. Para ello, el proyecto se estructura a partir de cuatro bloques temáticos principales:

  • Autoestima: El facilitador ofrecerá una serie de recursos que, a partir de una valoración inicial, contribuirán a un mejor autoconocimiento, a la aceptación de uno mismo (de las capacidades y de las limitaciones), y una postura crítica constructiva.
  • Gestión de emociones y sentimientos: Los alumnos aprenderán a identificar y a profundizar en las propias emociones y sentimientos, así como a autocontrolarse.
  • Empatía: Se trabajarán actividades enfocadas a desarrollar la capacidad de conectar y respetar, desde la sinceridad, con los sentimientos y emociones de los demás, con la meta de comprender otros argumentos y puntos de vista.
  • Resolución positiva de conflictos: Se aprenderá a aprovechar positivamente el conflicto como una oportunidad de nuevos aprendizajes.

Metodología

La praxis educativa parte de una orientación humanista que propone la creación de contextos y actividades que ayuden al alumnado a pensar y a descubrir los propios valores. Desde esta perspectiva, el facilitador se posiciona como uno más del grupo, en un plano de igualdad, pero prestando mayor atención al proceso y a los sentimientos profundos que vayan surgiendo, con la intención de:

  • Ayudar a que los alumnos se conviertan en individuos protagonistas, “autores” versus reproductores, en tanto que deja de tener sentido explicarles cómo lo tienen que hacer.
  • Capacitar a los alumnos a la autodirección y la autoevaluación.
  • Ofrecer a los alumnos vías para la acción a través de la participación en experiencias sobre cosas importantes para ellos mismos y dando la oportunidad a la emergencia de la creatividad.
  • Favorecer el surgimiento de la cooperación.

Igualmente, el grupo formado por el facilitador y el alumnado constituye un sistema, es decir, una estructura las partes de la cual están interrelacionadas entre sí. Este sistema se define a través de unas pautas de relación y de comunicación entre los diferentes miembros (alumno-facilitador, alumno-alumno). En este sentido, consideramos interesante contemplar la importancia que el modelo sistémico otorga tanto al papel del alumnado como al del facilitador en los procesos de enseñanza-aprendizaje, en los que la habilidad de comunicación, como uno de los ejes centrales de la intervención desde esta perspectiva, acontece como un poderoso mecanismo de cambio en las conductas interpersonales.

Finalmente y en consonancia, el enfoque constructivista parte de la concepción de un proceso de construcción personal a lo largo de la vida y asume la idea de construcción de la persona con la participación activa y la implicación personal de la persona en su propio proceso de desarrollo y aprendizaje. Ser persona no puede consistir en una simple suma de habilidades personales entrenadas, sino que cada persona decide su propio proyecto vital, asumiendo, de forma constructiva, facetas personales como valores, modelos, ideas de uno mismo, compromisos, etc. En tanto que el constructivismo aborda el trato educativo de los tres niveles implicados, a decir, cognitivo, emocional y conductual, la intervención, pues, consistirá en crear contextos adecuados (significativos y funcionales) a cada uno de los alumnos, que le permitan el desarrollo dentro de una zona proximal en estos tres niveles, contextos en los cuales el facilitador favorece situaciones comunicativas y actúa como modelo.

Objetivos

En base a todo lo que se ha ido diciendo, definimos los siguientes objetivos como eje estructural del proyecto EdEm:

  • Objetivos generales:
    • Incidir en la formación de las capacidades emocionales y sociales de los alumnos.
    • Proporcionar recursos y estrategias básicas en el desarrollo psicoafectivo de los alumnos, especialmente de aquellos con necesidades específicas.
    • Trabajar en la vinculación entre pensamiento, emoción y acción para una mayor madurez y una mejor satisfacción personal en los alumnos.
    • Contribuir de forma indirecta a una mejor de los aprendizajes académicos.
  • Objetivos específicos:
    • Conocer la propia emocionalidad: identificando las emociones.
    • Expresar la vivencia emocional.
    • Alinear el eje pensamiento-emoción-acción.
    • Conocer la emocionalidad ajena: empatizando.
    • Gestionar inteligentemente la propia emocionalidad y la emocionalidad ajena.

Organización

La necesidad y la importancia de la Educación Emocional en el mundo educativo se puso de relieve en el I Congrés Estatal d’Educació Emocional celebrado en Barcelona el febrero del año 2000, es decir, hace doce años. Sin embargo, los avances reales y prácticos en esta materia han sido más bien escasos. En este congreso se definía la Educación Emocional como la respuesta que, recogiendo las aportaciones de la psicología y de otras ciencias, cristaliza en propuestas concretas de intervención encaminadas a prevenir los efectos nocivos de las emociones mal gestionadas y a potenciar las emociones adaptativas, con el objetivo de llegar a un mejor bienestar personal y social. La comprensión de los propios estados emocionales, así como los de los otros, es esencial para el establecimiento de relaciones sociales. Muchas de las conductas antisociales y agresivas tienen como trasfondo problemas emocionales. Conducir a los niños y niñas a gestionar la propia vida emocional es un factor decisivo para la socialización. Es así que todos los teóricos actuales coinciden en afirmar el valor de las emociones en la motivación y la organización de la conducta. Hoy en día se entiende que en el desarrollo de la regulación emocional intervienen, además de cognitivos, factores madurativos y ecológicos, y la base se sitúa en la primera infancia y en los años preescolares y escolares.

Tal y como apuntábamos en la introducción, un factor de relevante importancia para la efectividad de este proyecto de educación emocional reside en la forma como lo incluimos en el currículo escolar. Uno de los mayores obstáculos para el éxito de este tipo de proyectos es que no forme parte del currículo de la escuela sino que se realice como una actividad extraescolar. En estos casos, el tema de la educación emocional se percibe como un tema de menor importancia que las otras áreas. Además, cuando se trabaja así no es posible reforzar los contenidos del proyecto desde el resto de actividades de la escuela. El resultado, en definitiva, es que no se produce la generalización necesaria para mantener lo que se aprende. Para que realmente se produzca una generalización es imprescindible que el proceso educativo emocional tenga continuidad en las horas libres, en el comedor, en las excursiones y, en resumen, en todas las relaciones personales. Por ello, los proyectos que se incluyen dentro del currículo escolar y que tienen una buena coordinación para que se generalicen a toda la vida de la escuela tienen más posibilidades de producir los efectos deseados y que estos efectos sean perdurables. Cuanto más se experimenta, en diferentes momentos y desde diferentes perspectivas, más posibilidades hay de que una propuesta educativa sea interiorizada.

Evaluación

La evaluación es una de las fases de mayor relevancia dentro de cualquier proyecto ya que nos da las claves para reflexionar sobre la propia efectividad del mismo o plantear mejoras en caso de ser necesario. El proyecto EdEm no es una excepción en este sentido por lo que se hace necesario disponer de un sistema que nos permita evaluar los efectos del proyecto y los progresos de las habilidades sociales y emocionales de los niños y niñas que participan en el mismo.

Desde nuestro punto de vista, resulta interesante hacer esta evaluación desde diferentes perspectivas para medir con mayor exactitud el grado de eficacia del proyecto, facilitando así la intervención que se esté realizando y fomentando un análisis sobre posibles intervenciones futuras. Por todo ello, consideramos importante hacer una reflexión continuada a lo largo de todo el proceso educativo del proyecto, mensualmente, tanto por parte de los alumnos como por parte del profesorado implicado en la educación de esos alumnos (facilitador del proyecto educativo, tutor, otros profesores o profesionales del centro…). De esta forma, tanto alumnos como profesores podrán tener constancia de los progresos que se estén efectuando.

Por parte del profesorado, la mejor forma de acercarse a una realidad objetiva es la observación natural, en tanto que los profesores trabajan diariamente con sus alumnos y por ello pueden conocer bien las capacidades y los comportamientos de los mimos, así como reflejar el funcionamiento de cada día. Para ello se habría de elaborar un cuestionario cuyos ítems se aplicaran a toda la Primaria, de forma que se pudiera evaluar el proyecto así como posibilitar, a través de los diferentes cursos, hacer estimaciones concisas y continuas del funcionamiento emocional y social. A continuación os facilitamos un modelo de cuestionario para la evaluación del proyecto:


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